Un canto marino

Un mugido que suena como sonaría una enorme toro en el agua, seguido de sonidos semejantes aa bufidos y una resonancia que me hace evocar al ave rabihorcado inflando el pliegue rojo que posee bajo su pico, haciéndolo vibrar para atraer a una hembra. Todos estos sonidos suenan tan sistemáticos que en lugar de incomodar al oído, le invitan a relajarse como  si escucharan una opera. Son las canciones que los machos de la ballena de alas grandes o jorobadas cantan a sus posibles conquistas. 

Año tras año la canción especial que los machos entonan cambia, quizá alguien olvidó la letra o existen modas musicales debajo del mar. Talvez se encuentran con amigos de otras comunidades cetáceas y comparten ideas unos con otros. Me pregunto ¿Qué pensarían los antiguos marineros si descubrieran que no eran sirenas sino machos en celo? la historia sería diferente, mejor aún ver su cara avergonzada de haber convertido sus miedos infundados en una figura femenina. 

La manera de cantar al oído de sus corpulentas compañeras, no es la misma entre especies, todo el mar se llena de canciones diversas, su líquido las transporta suavemente por cientos de kilómetros. Pero la presencia de submarinos, botes, cruceros y plataformas petroleras interfiere con la comunicación marina, que suena probablemente como los teléfonos en los noventas. Que triste que incluso el canto de las bellas barrigonas sea aprisionado por los poco melodiosos sonidos humanos. 

Una suave vibración, una resonancia pectoral o un empujón con la aleta. Las hembras y sus crías no paran de hablar entre ellos, quizá se cuentan las hazañas que vivirán en su primer viaje juntos. La cría salta como jugando a ser adulto, un día él cantará para sus novias o quizá sea una hembra que enseñe a sus ballenatos todo lo que hay que saber sobre su canto marino. 

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