Sinfonía natural
Caminando al borde de una cañada, escuché a los árboles hablar. Sorprendido me asomé para descubrir que se comunicaban en lengua no humana. Sus palabras se manifestaban de manera física, tenían plumas de colores, los árboles parecían lanzarlas al viento, como si discutieran un tema muy distinto al odio.
Me recosté sobre una piedra para escucharlos y me quedé dormido, al despertar los últimos rayos de sol caían sobre sus copas y los árboles que nunca dejan de hablar, murmuraban palabras de pelaje obscuro, su lenguaje nocturno.
Los pastos trataban de imitar la complejidad lingüística de los árboles y producían zancudas palabras que intentaban volar como sus voces diurnas. El agua por su parte, aquel ser inanimado dador de vida, no se quedaba atrás, croaba graves voces, armoniosas como las de los árboles y saltonas como las de los pastos, mientras yo feliz por mi descubrimiento decidí pasar la noche ahí, arrullado por una incesante sinfonía natural.
Comentarios
Publicar un comentario