A Francine
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| Imagen tomada de Out and About PV, pintura de Francine. |
Desde la taquilla, a través del cristal, pude ver a una mujer alta subiendo las escaleras. Sabía que era una mujer transgénero porque creí haberla visto antes, al escuchar su voz grave recordé las ocasiones en que la vi caminando por las calles de Puerto Vallarta, en esta ciudad es común reconocer a los residentes aún cuando nunca hayas cruzado una palabra con ellos. Sentí gran admiración hacia ella por atreverse a ser ante el mundo la visión que tenía de sí misma; hay personas que nunca se atrevieron, se ocultaron bajo una máscara y así poco a poco la máscara usurpó su lugar, hasta la muerte. Un año atrás yo mismo había iniciado una búsqueda personal para comprender los roles de género en la sociedad, aunque es un tema que me interesa desde mucho tiempo atrás. Con el tiempo he aprendido que los géneros son una construcción de la sociedad. Determinan el comportamiento, las actividades y atributos de las personas según el género asignado al individuo en base a los órganos sexuales con los que este nació. Son diferentes del sexo, que simplemente hace referencia a nuestros órganos sexuales. La concepción del género es distinta en cada sociedad y ésta dicta cuántos géneros se aceptan, siendo los más comunes los binarios que divide a los humanos en género masculino y femenino. En las sociedades occidentales las diferencias de género son muy marcadas y, a mi parecer, tan absurdas que hemos llegado a designar colores y frutas para referirnos a un género o a otro, cruzar las barreras de esta división es motivo de crítica, burla y rechazo social. A lo largo de mi vida he conocido cientos de casos de mujeres y hombres transgénero que han sufrido las consecuencias de decidir cruzar estas barreras.
Yo nunca he encajado del todo en uno u otro género y mi comportamiento, por ser diferente, siempre fue motivo de exclusión. Supe que la mujer que había visto subir las escaleras y yo compartíamos experiencias similares cuando al hojear el periódico PV MIRROR me encontré con un artículo que ella escribió; el título versaba “La dualidad del ser” y en él relataba lo exhausta que se sentía día a día porque los insultos de desconocidos en la calle no paraban. Explicaba que de vez en cuando tenía que hacerle frente a sus agresores y aunque normalmente se acobardaban ella estaba siempre alerta para mantenerse a salvo. Su escape era la pintura, al pintar se olvidaba de los males que le aquejaban. Yo había visto sus pinturas colgadas en las paredes de Act II, pero no sabía que eran de ella. La primera de sus pinturas que llamó mi atención fue la imagen de unos pechos en color dorado, algunas líneas de pintura parecían brotar de ellos y daban la sensación de estar heridos o lactando, algo me decía que había algo importante detrás de lo que esa pintura quería que se interpretara de ella. Cuando me dijeron que la autora era la mujer de las escaleras creí comprender mucho más sobre la pintura, que más tarde desapareció de la pared porque el comprador se la llevó. En el mismo teatro había otros cuadros en estilo abstracto de la misma autora, que era su estilo más reciente según escuché entre los comentarios que allegados suyos hacían respecto a la evolución de su trabajo. Al transcurrir los meses las paredes de Act II se vestían con nuevos colores conforme los cuadros iban y venían; cuando aparecieron los primeros paisajes y animales con unas estilizadas curvas que me hacían recordar a algunos cuadros impresionistas, valoré más su trabajo como pintora, quizá porque me eran fácil de interpretar. Un día una pareja, de las muchas personas que llegaban al teatro preguntando por sus obras, me comentó que en la ciudad natal de la artista habían visto sus obras, mayormente de paisajes y motivos naturales, por lo que esperaban encontrar algo similar aquí, pero en ese momento había en mayoría pinturas abstractas, a mi parecer esta pareja confirmaba que este era su estilo más reciente. Más tarde trajeron una pintura de grandes proporciones con un paisaje de la esquina entre El Malecón y calle Francisca Rodríguez, en la imagen está plasmado el muelle de Playa Los Muertos y los edificios cercanos. Esta pintura se vendió muy rápido y se volvió mi favorita de entre las que había conocido hasta el momento, pues interpretó de una hermosa manera los edificios, no era una realidad recta sino ondulada y colorida. Descubrí después que también había hecho una pintura de la calle Basilio Badillo en la que se apreciaba Act II, que demuestra la devoción que tenía por el teatro; además pintó una imagen de peces Ángel que aparecen en la revista Gay Guide Vallarta, su trabajo como artista era admirable. La pintura parecía no ser su única faceta, además me enteré que esta mujer era una figura pública muy reconocida en la zona turística de Puerto Vallarta, principalmente entre los residentes norteamericanos y la comunidad LGBT.
Poco a poco su presencia se volvió familiar para mí, algunas veces cuando entré a los shows que ella venía a ver al teatro le vi atenta al escenario, se le notaba alegre mientras las luces iluminaban su rostro, inmersa en un mundo distinto, quizá un mundo sin división de géneros, donde todos pueden ser la imagen que tienen de sí y actuar con libertad sin que otros se sientan ofendidos, y probablemte si la visión que percibí en sus ojos existiera, los hombres de las sociedades actuales serían capaces de liberar el dolor reprimido, demostrar cariño a amigos y familia sin miedo de que alguien malinterprete sus acciones; quizá las mujeres no serían criticadas por utilizar pantalón, faldas muy cortas o muy largas, serían líderes al lado de los hombres, y posiblemente nadie más se vería obligado a sufrir dolor físico al someterse a cirugías invasivas y administración constante de hormonas porque la sociedad les trataría como ellos deciden y no como la sociedad lo imponga dependiendo de sus órganos sexuales, nadie sufriría rechazo ni tendría que esconderse de la miradas de extraños. En un mundo sin géneros tampoco el amor tendría barreras. He conocido a muchos hombres y mujeres heterosexuales que se enamoran de personas del mismo sexo pero reprimen sus sentimientos porque alguien como ellos, que son socialmente aceptados como heterosexuales, no deben amar así si no quieren ser rechazados, ignorando la diversidad de matices que presentan las preferencias sexuales de los humanos. En un mundo sin géneros quizá esa gran mujer, pintora y figura pública de mi ciudad con la que me encontré un buen día en el camino, seguiría sobre la faz de la tierra y un día quizá se hubiese despedido con una sonrisa mientras se iba a dormir cómodamente sobre su cama; pero ese mundo no es el que nos rodea hoy, el mundo actual es un mundo que está cómodo con su división binaría de géneros y decide deliberadamente ignorar el sufrimiento de quienes no encajan en sus reglas, les encadenan mentalmente, les hacen sufrir indescriptibles tormentos mientras se sienten sin rumbo en una sociedad cuadrada.
Al verle sonreír a la luz de los reflectores, vi a la mujer que realmente era, por instantes inmensamente feliz, relajada y libre. Lentamente el amor fraternal se apodero de mí; cómo no amar a otro ser humano que siente el mismo viento, la misma lluvia y ve los mismos atardeceres que tú. Francine vino a mí un día y me dio un abrazo. Me sentí halagado y agradecido de que, sin conocerme, sintiera ganas de regalarme un abrazo; le hubiese dado más si pudiera pero ayer recibimos una llamada de emergencia en el teatro y más tarde me enteré que llamaban para avisar de su muerte; en ese momento entendí que perdió la batalla. No puedo decir que la conocí bien o que fui su amigo, pero fue como un huracán que va dejando huellas imborrables en las personas que le rodean, en mí reafirmó mi repudio a la división binaria de géneros y cada vez que tenga oportunidad, en su honor compartiré mi aprendizaje sobre el tema con otros, así quizá un día no haya más víctimas de esta viciosa construcción social.
Escrito por SuperCrab
Editado por Kivedt

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