Cerro Desgarrado IV

Miriam, una gran amiga mía y miembro de la familia que cuidaba el terreno adjunto al sitio donde colocaba mis trampas me recibió con la noticia de que habían visto una vez al jaguar en la zona alrededor de las 4 de la mañana, es posible que haya sido el mismo del mes anterior, sus territorios son enormes y era probable que estuviéramos dentro del territorio de un espécimen en particular. Era 05 de Diciembre del 2008  y había vuelto por fin al campo, lugar donde me sentía mucho más cómodo que en el laboratorio. Este día Miriam y su sobrino decidieron acompañarme, así que para terminar con el sitio más peligroso, comenzamos con el sitio 3, la cima del cerro que es donde más probable podría ser un encuentro con jaguar. Es probable que nuestro miedo sea infundado, los jaguares son normalmente escurridizos, huyen a los humanos, pero este jaguar seguro había tenido contacto con humanos anteriormente, era demasiado atrevido bajar hasta la playa aun con presencia humana. A lo largo de mi vida escuche de muchos encuentros con pumas y jaguares en la zona, en cierta ocasión uno de los miembros de la familia de Miriam estaba barriendo es su trabajo cuando afortunadamente logró ver un jaguar agazapado entre las plantas, vigilándolo, él lentamente dejó la  escoba y se encerró en la cochera. Uno de los jefes que mi padre tuvo a través del tiempo en la zona, tenía un jaguar disecado en su casa, no dudo que lo haya cazado en la zona alrededor de los 80´s, época en la que construyó la primera casa con vista al mar de muchas que su empresa construiría con los años. En otra ocasión, unas primas vieron bajar a un venado corriendo hacia un pequeño arrollo debajo de su casa, salieron a ver y se quedaron platicando, una de ellas vio pasar un puma a menos de dos metros de su hermana, afortunadamente este iba tras el venado e ignoró a mis primas, más tarde ellas los describieron como "La leona", razón por la cuál pude identificar que se trataba de un puma. Miriam y yo conocíamos bien estas historias, ella me confesó años después que al acompañarme moría de miedo, sentía que con cada rama que se rompiera al pisar el jaguar podría saltar sobre ella, sin embargo su presencia y la de su sobrino ayudaron a darme el valor necesario para colocar las trampas por segunda vez en el sitio 3 y realizar la colecta directa necesaria.
El siguiente sitio fue el 2, el barranco, difícil como la primera vez, pero sin tanto pánico como estar en el sitio 3. Después del sitio 2 bajamos juntos a la playa y colocamos las trampas del sitio 1. Terminé de colocar las trampas y colectar hormigas a la 1 de la tarde, pero ya estando en la playa decidimos quedarnos a bañar un rato. Casi frente a las trampas del sitio 1 se encontraba una pequeña poza de marea que no era profunda pero si lo suficiente para sentarse y relajarse dentro del agua. Dos rocas enormes custodian la pequeña poza e impiden el paso de la fuerza del oleaje, la mayoría de las rocas son granito, pero parecen ser de colores en el agua debido a las algas, balanos, caracoles, corales y otros organismos que se adhieren a ellas. El sobrino de mi amiga trajo consigo un visor y con este pude identificar algunos organismos que fui mostrando a mis acompañantes, cada vez que me sumergía Miriam decía que veía unas "Nalgas Marinas", típico del humor heredado por su familia, cuando comprendí la broma, los tres reímos. Ella me dice que el organismo que más le impresionó en aquella visita fue el Pepino de Mar que pertenece a una clase de organismos a los que los científicos llaman Holothuroidea. Estos se parecen mucho a los pepinos cuando están en conserva, pero en lugar de vegetales pertenecen al reino animal, si no se les molesta es posible ver que de uno de los extremos sacan unos largos tentáculos que les ayudan a atrapar su alimento, que son los restos de algas y otros organismos flotando en el agua. Viven en cavidades debajo de las rocas, al menos la especie que observábamos, pasan desapercibidos porque recubren todo su cuerpo con la arena, así que si no los conoces y no sabes como lucen no notarás su presencia, no era la primera vez que Miriam nadaba en esa posa y nunca había visto mucho de los organismos que le mostré ese día. Yo los descubrí años atrás en la misma posa, pero confirme su nombre cuando tome una clase de invertebrados, así supe que para defenderse de los depredadores estos pequeños animales expulsan sus intestinos, esto espanta al depredador que deja en paz al pepino de mar, con el tiempo el pepino de mar regenera sus intestinos y su vida sigue normal. Es además un platillo en Asía y se dice que su consumo puede controlar algunos tipos de canceres, eso no me consta pero hace del pepino de mar un organismo excepcional. 
Después de nadar regresamos a casa de Miriam, su tío había llegado del trabajo y un amigo suyo estaba de visita, noté que tenía una jaula cerca de su casa y le pregunté para que era, el me respondió que era una trampa para Coatís, su carne tenía buen sabor, pero el creía que extraer y consumir la grasa de su  cuerpo ayudaba a curar ciertas enfermedades, así que tenía la jaula porque necesitaba un Coatí para extraer la grasa y de paso consumir su carne. El tema del jaguar permaneció presente en la conversación de aquella tarde, hablar del "Tigre" llevo a hablar del animal al que los habitantes de Vallarta llama onza, es posible que sea un jaguar melánico porque muchos le describen como un felino grande y negro, pero también es posible que sea otro felino que habita la zona y se llama Yaguarundí, un gato no muy grande, de cuerpo alargado, pelaje rojizo y bastante agresivo, pero jamás podría devorarse a un humano ya que sería una presa enorme para ellos, era imposible determinar a que especie o especies llamaban onza, cada quien daba una descripción del físico y comportamiento distinta. La conversación animó al otro visitante de la familia a contar una historia: Un niño al que su padre mandó de noche a la tienda, escuchó a una mujer llorar en el camino y regresó a casa atemorizado pensando que era la llorona, su padre lo obligó a realizar el mismo recorrido en noches posteriores, en una de éstas volvió a escuchar el llanto, pero decidió no moverse de sitio cuando se dio cuenta que el sonido se acercaba, de entre la vegetación saltó un Ocelote frente a él (otra especie de los 6 felinos salvajes que habitan en México), pero al ver que era demasiado grande para ser una presa, huyó. El niño regresó a casa pero le mintió al padre diciendo que había visto en persona a la llorona, el padre molesto y asegurando que eran patrañas decidió  hacer el recorrido a la tienda él mismo, más tarde llego confirmando que él también había visto a la llorona y no obligó al niño a caminar nunca más por ahí. 
Ese día regresé a casa con una enorme sonrisa, el señor que había contado la historia aseguraba que era una historia real, a mí sólo me dejo claro que es posible que encuentros como ese son el origen de muchos de nuestros relatos, mitos y leyendas. Probablemente el padre de aquel niño al escuchar el sonido del Ocelote sintió tanto temor que no pudo seguir y prefirió mentir diciendo que también vio a la llorona en lugar de aceptar que no fue tan valiente para continuar. Fue un día excelente, pero al siguiente vendría de visita el Biólogo Miguel para inspeccionar los sitios de muestreo., este mes todavía quedaba mucho por hacer.

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