La migrante
llegó al puerto dos décadas atrás en búsqueda de trabajo, ella había nacido y crecido ahí, sin
embargo, poseía los rasgos distintivos de su pueblo, por lo que era considerada extranjera por
los otros niños.
Cuando los padres decidieron volver a su pueblo, ella sintió miedo de ser llamada invasora,
pero le sorprendió cuando muchos de los niños en la escuela, se acercaban para hacerle
preguntas, puesto que nunca habían visto una niña que viniera de lejos, entonces por primera
vez dejo la vergüenza de lado y sintió orgullo de ser viajera.
Un año aquí y dos allá, por una u otra razón sus padres se mudaban de ciudad constantemente,
y acostumbrada a las despedidas, le tomó amor a ser la recién llegada, la visita, la que viene
de paso, la migrante o la extranjera. Así se le fueron los años, unos cortos y otros largos, pero
no paro de vivir la vida que le enseñaron sus padres, y un buen día al cumplir los ochenta,
dejó su pesado equipaje y voló.
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