En la noche

En la noche, unas criaturas cubiertas de pelo se cuentan en aullidos las tristes historias de sus penas, el abandono del objeto de su amor que les dejó en la calle viviendo de las sobras que otros dejan. También se gritan sus odios y se callan unos a otros para demostrar jerarquías, pero lo único que logran es iniciar la sinfónica gritería que esta noche es la razón de mi insomnio. 

¡Hey! también divulgan sus miedos, y es que el mundo nocturno se llena de malvados hombres que se esconden entre sombras para pasar desapercibidos, sin saber que dejan mensajes de olor perceptibles y descifrables por estas criaturas que temen a los desconocidos, igual que los hombres malvados que se esconden.

Se callan por momentos, pero las ranas intentan dar otro comunicado, este es un mensaje sexual, ellas tan atrevidas se cantan sus deseos carnales, mientras desnudas y húmedas esperan en sus charcos a que alguien se halla sentido embelesado por sus notas, y cuando dos de compatibles melodías se encuentran, entonces dos ranas se callan, mientras las otras siguen esperando que la obscuridad les brinde oportunidades de feroces amores. 

Las criaturas peludas añoran su libertad, duermen a ratos para guardar energía y continuar su imparable comunicación durante el día, pero gastan la mayor parte tratando de llamar la atención del objeto de su amor, que en realidad por objeto los tiene y no por amor. Les llaman perros por imposición humana, como por humanas razones son también presos. Su espíritu fue mutilado hasta quedar convertido en parásito, sin alguna pata para correr a la libertad soñada. 

Otros de gatunos instintos ni se notan, se mueven cautelosos, pero dejan escapar de vez en cuando maullidos que se unen a los sonidos de la noche. Que al convertirse en madrugada, se llena de las voces de aquellos que añoran la luz del sol. Los gallos, esos diurnos, cantan y se sueñan picoteando el suelo al lado de sus gallinas. Los que suerte tienen al despertar cantarán para ellas, pero los que no, encerrados deberán fantasear todo el día, mientras el gallo de la jaula de al lado, pelear quiere por el harem de gallinas que en sus alucinaciones parecen de pluma y hueso.

En la noche, los nocturnos como yo nos perdemos entre los sueños que se sueñan despiertos, nos dormimos al amanecer, mientras los maullidos, aullidos, croares y cantares se van callando ante la inminente llegada de motores del transporte publico, aquel que los humanos de hábitos diurnos usan para llegar a la rutina que les da dinero, el necesario para pagar su vida construida en un modelo subjetivo, que parece funcionar pero que los mantiene esclavos de si mismos y limita su visión ante las maravillas que suceden en el día o en la noche. 

Comentarios

  1. Interesante descripción, poética, de bella narrativa, me permite evocar imágenes, sonidos, aromas, bosques, arroyos y charcos, un tanto provocadoras las sensaciones. Muy bien Abraham, sigue puliendo tus escritos, percibo, al leerlos, distintas puntuaciones, distintos posibles acentos.

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    1. Hola, gracias por los comentarios, recientemente lo actualicé un poco.

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