¿Matrix reloaded o el despertar del ser?


En realidad no sé mucho de la película The Matrix, y tampoco mucho del Despertar del ser, por lo que recomiendo que, si espera una opinión experta en estos temas, busque en otro sitio porque lo decepcionaré, pero si lo que desea es quizá un momento de esparcimiento con una lectura ligera, escrita por quien sabe que fulano, que no debiera compartir pensamientos disparatados basados en la experiencia propia con alguien más, entonces le invito a continuar la lectura.
Hace algunos años vi la película The Matrix, supongo que me agradó, casi a todos los chicos parecía gustarles, quizá porque nuestra generación comenzaba a sumergirse en el mundo de la vida social en línea, recuerdo que algunos compañeros usaban My space, yo apenas había abierto mi primer correo electrónico en Hotmail e iniciaba a chatear en Messenger. Cuando inicié el primer semestre de prepa, había un chico al que todos llamaban El Matrix, las chicas parecían estar sumamente atraídas por este chico, y es que todos los días, usaba una gabardina larga que le llegaba al menos hasta la espinilla de los pies, además usaba lentes obscuros y el cabello peinado hacía atrás, creo que se imaginaba así mismo como Keanu Reeves, pero talvez tenía otras razones para vestir así.
La razón por la que hago referencia a la película, es porque el tema principal de ésta, clamaba que la humanidad vive en una especie de realidad virtual y el protagonista fue despertado de este sueño. Cuando la vi, mi pensamiento lógico me hizo criticar este hecho y decidí desacreditarla. Fue concebida sólo como un medio de entretenimiento para la humanidad, pensé, quizá tenga razón, pero hoy me vino a la memoria este extraño argumento cuando estaba viendo un documental llamado Minimalism (disponible en Netflix para quien se anime a verlo). Desde que leí la sinopsis me llamó mucho la atención, juzgue usted: Entrevistas donde hablan aquellos que saben que la felicidad no se traduce en acumular bienes materiales. “Menos es más”, una virtud que aborda este documental. No he terminado de ver el documental porque tuve la inesperada idea de escribir este ensayo y si no lo hacía en el momento, quizá la idea se desvaneciera.

Hace tres años encontré un trabajo que me llenó los bolsillos, y a pesar de que toda la universidad tuve una filosofía super hippie y abandoné las ideas de comprar ropa cara, ir a antros y restaurantes, a pesar de que durante mi época universitaria creí tener un alma revolucionaria que deseaba morir en nombre de una causa que valiera la pena y critiqué a las enormes empresas, me sentí muy bien de ser económicamente solvente y me dejé llevar por la rutina de trabajar, ganar, gastar.
El ganar bien me permitió iniciar el uso de las tarjetas de crédito para comprar cosas que según yo “necesitaba”, compré unos zapatos de más de 2000 pesos porque no contenían piel, y es que siempre he tenido conflicto con el uso de animales, tanto que he dejado la carne por largos periodos. Este hecho de comprar con ideas veganas me hacía sentir más responsable, pero igual y eran zapatos hechos quizá en Taiwán por manos de mujeres y hombres mal pagados, y aunque en el fondo lo sabía, preferí ignorar esa otra verdad.
Compré un celular con “touch screen” pero de mayor tamaño al previo porque un amigo siempre me criticaba diciendo que, le parecía imposible que yo escribiera en una pantalla tan pequeña. No podía comprar otro con mi anterior salario, así que me sentí feliz con mi nuevo celular, y recordé que una vez, la mamá de un amigo mencionó que se sentía triste, que quizá cambiando de auto podría sentirse mejor, su hija y yo le tratamos de explicar que la felicidad no podía existir en las cosas materiales, cuando saliera un nuevo coche, seguro ya no se sentiría bien. ¿Cómo me atreví a criticar su comentario cuando yo estaba haciendo lo mismo con mi celular? Recordé también que una de mis mejores amigas me dijo que somos hipócritas si hablamos del mal que hacen las minas a los acuíferos y otras fuentes de agua, mientras cambiamos de celular cada temporada, porque al final, los metales que se extraen de esas minas, son los mismos que se usan en ciertas partes de los celulares, recordaba que había cambiado de celular en repetidas ocasiones porque los perdía o los mojaba accidentalmente, pero vamos, tenía el dinero y lo compré, sin embargo, lo perdí 2 meses después.
Para la mortificación, seguí comprando, ropa, mochilas y uno que otro objeto superfluo. Después de un año de trabajar para la empresa, me agradaba la cantidad de dinero que hacía, pero en el fondo sabía que no era yo, estaba perdido. Día a día me era obligatorio hablar de las cosas que amo: la naturaleza y sus interminables y complejas conexiones que forman un perfecto balance que es interrumpido por el hombre.  Sin embargo, las personas que me escuchaban deseaban pasar unas felices y convencionales vacaciones donde pudieran conocer más de México terminándose unas cuantas botellas de tequila de marcas diferentes para comentar con sus amigos como breviario cultural si, tal o cual marca es la mejor.
Cuando terminó mi tiempo en la empresa me afecto mucho económicamente, aunque en el fondo deseaba que terminara, no porque odiara mi trabajo, lo amaba, pero sabía que me faltaba algo. Quizá este sentimiento de inconformidad se debía a que de niño vi muchas películas donde me decían una y otra vez que todos tenemos una misión especial en el mundo, quizá también porque leí “El principito” a los quince años y desde entonces deseé no olvidar que lo esencial es invisible, talvez porque mis padres fueron muy religiosos y me nombraron “Abraham” en honor al Dios que ellos creían.
Padre de todas las naciones, eso significa mi nombre. Mi maestra de teatro, me dijo un día que los nombres pesan mucho en nuestras vidas, los nombres marcan quizá nuestro destino, eso reforzó mi infantil idea de que yo tenía algo grande que hacer. De niño fui tan religioso que deseaba ser predicador, pero había un problema que me impedía servir a Dios, soy gay. ¿Por qué yo? ¿Por qué yo? Día y noche lloraba preguntándome porque me atraían los niños y no las niñas, prometí a Dios en vano que nunca se lo diría a nadie, pero me aterraba la idea de que me obligaran a casarme con una mujer. Pastor, aún a los quince años, cuando estaba en la prepa, era mi meta. Pensaba que ahí podría ayudar a la gente.  
Sin la entrada de dinero tan buena que recibía de mi trabajo en la empresa, crecieron mis deudas y terminé en un trabajo en el que el salario no alcanzaba para cubrirlas, tanto que terminé con depresión y constantemente pensando que soy un fracasado, mediocre, y que nada tiene sentido en la vida. Cuando abandoné la religión, también abandoné mis ideas de Dios, y sin un dios, también me sentía perdido. Perdido espiritualmente, profesionalmente y sentimentalmente.
Tuve conflictos con casi todos los que me rodeaban, me alejé de todos mis amigos, pues su amistad se había convertido en conversaciones cortas de Facebook y Whatsapp, y si me dejaban en visto, me sentía poco apreciado, así que en mi desesperar, cerré mis cuentas. Ahora estaba desde mi perspectiva, solo, con deudas y cuando las cosas no podían ir peor, renuncié a mi nuevo trabajo que muchas insatisfacciones económicas me causó.  
En un viaje justo antes de caer en depresión, una gran persona logró ver que algo me hacía falta, y me recomendó meditar, lo intenté una vez, pero no me decidí a hacerlo continuamente, sin embargo, el deseo permaneció latente. Comencé a meditar hace unas semanas porque el abismo de la depresión me hizo ver que no tenía poder para controlar mis emociones, además tenía miedo de cualquier decisión que debiera tomar. Quizá la meditación ayudará, quise creer.  
Aunque dejé atrás la idea de Dios concebida por la sociedad, sabía que para llenar ese vacío espiritual debía investigar ¿Quién es Dios? O ¿Existe un ser supremo que gobierna el universo? No me puedo conformar con lo que dice la iglesia, y es que veo día a día como la ignorancia mezclada con la fe ciega, da como resultado a una población poco crítica, miedosa, y que se queda con las manos hacía arriba esperando que ese Dios provea el maná del cielo. Taladra mis oídos cada vez que alguien dice “Si Dios lo quiere” y “Primero Dios”, ¿Cómo es posible que sin un análisis complejo se atrevan a decir aquellas palabras tan fuertes?, además ¿No tienen los humanos libre albedrío? Querido lector, si piensa que en este punto aclararé quien es Dios, debo decirle que esa búsqueda, la debes de iniciar tú, y quizá algún día logremos encontrar la verdad, nuestra propia verdad.   
Hace tiempo leí a Carlos Castaneda y su libro de Las enseñanzas de Don Juan, tiempo más tarde, pude leer Donde cruzan los brujos de Taisha Abelar. Al terminar los libros, quise saber más de los autores, pero sólo encontré especulaciones de lo extraños eventos de su desaparición que no dejó rastro alguno, aunque en el caso de Taisha, hay quienes consideran que ella si murió. Taisha menciona en su libro que al finalizar su ciclo como brujos del clan al que pertenecía, estos seres iluminados, deben cruzar a un plano infinito del cual no regresan más. Los que no creen que Carlos Castaneda, su esposa y Taisha murieron, creen que estos y otras personas iniciadas en ese mundo místico, cruzaron y no volvieron a este plano.
Menciono este hecho porque habiendo comenzado a meditar, encontré en Youtube, numerosos videos que hablan del viaje astral y comencé a intentarlo, al final soy un hombre de ciencia, y tengo siempre el deseo de encontrar la verdad, por el otro lado, soy un hombre sin Dios, en búsqueda del que para él tiene esa categoría tan importante en el universo. En el primer intento comencé a sentir un fuerte cosquilleo en la frente y desde entonces, varias veces durante el día, todos los días, vuelvo a sentir el mismo cosquilleo. Un día lo sentí cuando conocí a una mujer que hablaba sobre los cursos que ella ofrecía para sanar por medio de las plantas. Mencionó que las plantas tienen conexiones y vías de comunicación tan fuertes que hasta perciben la posición exacta de dónde sus plántulas creen y luchan por convertirse en árboles, pensé ¿y por qué no?, si hoy en día es bien aceptado que con música crecen mejor. Confieso que vi la serie de Mythbusters en Discovery channel, pero también leí un artículo que hablaba de cómo después de haber iniciado una muerte continua de alces en el norte de nuestro continente, descubrieron que ésta era causada por una substancia química que liberaban las acacias al sentirse amenazadas, y los alces se alimentaban de ellas. Fue ese artículo quizá el primer argumento que demostraba la comunicación entre plantas.  
El encuentro con la señora y esa sensación de hormigueo en la frente, me hizo pensar en lo que tanto he visto en internet sobre los “chacras”, así que busqué más, y encontré información que sostiene que todos tenemos un tercer ojo que se abre, no para ver hacia afuera sino al interior. De eso no he comprobado nada todavía. He encontrado  también, que mucha gente dice creer que aumenta el número de personas que han despertado del adormecimiento del mundo material y descubierto el mundo donde la meditación es una guía de paz y felicidad, y talvez, la humanidad camina hacia la iluminación y acabarán las guerras.
Por supuesto, no hay cosa que me gustara más, tanto tiempo sintiéndome vacío porque no entiendo las razones del sufrimiento humano, tanto tiempo llorando cuando me entero de historias tristes, o cuando veo gatos y perros que sus dueños desechan, tanto tiempo sintiéndome triste por todos esos pollos, vacas y cerdos que mueren esclavos para alimentar a unas máquinas biológicas conocidas como “homo sapiens” que  a su vez alimentan a un sistema imperfecto llamado capitalismo. Confieso que eso es lo que amaría con todo mi ser, que la humanidad despertara, que hubiera paz en el mundo y que se amen los unos a los otros. Pero ¿Es real este cambio en las personas o es todo lo contrario? Todos los días veo a la gente caminar ignorando su entorno mientras viven en el mundo virtual de las redes sociales.
Hoy que veía el documental de Minimalism, que seguramente continuaré viendo una vez que terminé de redactar este ensayo, me di cuenta que estas personas plantean justo lo que dicen en la sinopsis: La felicidad no se traduce en acumular bienes materiales. “Menos es más”. ¿En qué momento perdí el camino?, ¿qué había pasado con el joven cuyas metas de vida incluían ver una tortuga laúd viva, nadar con el tiburón ballena, escalar la pirámide del sol y otras cosas inmateriales?, ¿Qué había pasado con ese Hippie consumidor de mota que tanto tiempo discutió temas profundos con sus amigos más cercanos? ¿Con el chico que desea una casa de adobe que pueda desintegrarse como lo hacen las plantas al morir?
Todo lo material que poseía en la vida, estaba alrededor de mi dentro de 6 o 7 cajas, y la mayoría son libros, recuerdos de viajes y ropa de estampados coloridos. ¿Por qué estaba sufriendo por todo lo material que no tenía? Al contrario, estaba en el punto correcto de la filosofía minimalista, así que descubrí que no necesito mucho, solo un espacio pequeño al que pueda regresar después de años fuera, como la pareja de viajeros en el 5to libro de Los hijos de la tierra escrito por Jean Auel. El documental me ayudo a salir de la idea depresiva de que no tenía nada, al contrario, tenía mucho y debería deshacerme de más objetos para viajar ligero en el futuro.
Los humanos necesitamos abrir los ojos, estamos ensimismados queriendo poseer cosas materiales, cuando no necesitamos tanto para ser felices. Llámenme hípster, hippie, milenial, o como lo deseen, pero de pronto siento que quizá hay más personas que como yo están descubriendo que la felicidad es mucho más fácil de conseguir de lo que creemos, cuando aprendemos a dejar de desear, cuando vencemos nuestros miedos, cuando decidimos ser libres, cuando dejamos de ver novelas o creer en las noticias, cuando las festividades que implican gastar en compras de objetos que no necesitamos nos parecen banales, entonces descubrimos que es, ser feliz.
Quizá ese es el despertar del que tanto hablan, el otro despertar más profundo del que mencionan los que creen en el viaje astral (todavía trataré de experimentarlo y quizá luego les comparta mis descubrimientos). Quizá la sociedad consumista y ciega representa para el director de “The Matrix”, el mundo virtual en que viven los humanos en su filme, siendo el despertar, el abrir los ojos y los corazones a las nuevas posibilidades de felicidad y la búsqueda de las verdades que no comprendemos aún. Y es por eso el título de este ensayo, porque descubrí que el argumento de la película, no está tan lejos de la realidad como lo pensé hace casi 15 años.  
En mi caso, hoy sigo con deudas, sin dinero y en búsqueda de trabajo, pero quizá la depresión finalmente ha cedido unos pasos hacia atrás, así que seguiré experimentando y preguntándome más, quizá algún día conozca la verdad, en el proceso solo quiero ser feliz con menos y dejar de odiar al mundo para que finalmente, quede sólo amor para dar en mi corazón.

Abraham Meza López.  

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